martes, 5 de junio de 2012

HORACIO, POETA LATINO.


La obra de Horacio no es propiamente cristiana ya que él es un autor pre cristiano, pero sí ha influido grandemente en autores de fe como Fray Luis de León y John Milton.
 
Nombre completo
Quinto Horacio Flaco
Nacimiento
Defunción
Horacio
Ocupación

Quinto Horacio Flaco (en latín Quintus Horatius Flaccus) (Venusia, hoy Venosa, Basilicata, 8 de diciembre de 65 a. C.Roma, 27 de noviembre de 8 a. C.), fue el principal poeta lírico y satírico en lengua latina.

Fue un poeta reflexivo, que expresa aquello que desea con una perfección casi absoluta. Los principales temas que trata en su poesía son el elogio de una vida retirada («beatus ille») y la invitación de gozar de la juventud («carpe diem»), temas retomados posteriormente por poetas españoles como Garcilaso de la Vega y Fray Luis de León. Escribió, además, epístolas (cartas), la últimas de las cuales, dirigida «A los Pisones», es conocida como Arte poética.

Biografía


Era hijo de un esclavo liberto, si bien nació cuando su padre ya gozaba de la libertad. Su padre, aunque pobre, invirtió mucho dinero en la educación de su hijo, acompañándolo a Roma donde inició sus estudios de Gramática con Orbilio y, probablemente, los de retórica con Heliodoro. A los 20 años de edad se trasladó a Atenas para estudiar griego y Filosofía en la Academia con Teomnesto, donde tomó contacto por vez primera con el epicureísmo. Horacio siempre reconoció los cuidados y el gran sacrificio que su padre hizo por él, siendo la relación con su progenitor uno de los más bellos episodios de amor filial que sobreviven del periodo clásico.

Tras el asesinato de Julio César, se unió al partido republicano, formando parte del ejército que Marco Junio Bruto preparaba en Grecia para oponerse a los triunviros Octavio y Marco Antonio, siendo nombrado tribuno militar. El ejército republicano fue derrotado en la doble batalla de Filipos (42 a. C.), en la cual, dadas sus escasas aptitudes militares, hubo de escapar para salvar así su vida. Cuando Octavio decretó una amnistía a favor de aquellos que habían luchado en su contra, Horacio decidió volver a Roma, conociendo entonces la noticia de la muerte de su padre y la confiscación de sus propiedades. Sumido en la pobreza, consiguió no obstante trabajo como escribano de cuestor, un puesto que le permitió practicar su arte poético.

Con el tiempo, Horacio fue ganando el respeto y la admiración de los círculos literarios romanos, al que pertenecían Virgilio y Lucio Vario Rufo, quienes le presentaron a Cayo Mecenas (38 a. C.), amigo y consejero de César Augusto. El emperador le brindó su protección, llegándole a ofrecer un puesto como secretario personal, si bien Horacio declinó la oferta debido a sus principios epicúreos. Mecenas llegó a convertirse en su protector y amigo personal, y obsequió a Horacio con una finca en Tiber, en las montañas Sabinas (33 a. C.), donde el poeta se retiró a redactar sus obras. Su amistad fue tal que incluso fueron enterrados el uno junto al otro.

Obra


Su obra poética no se redujo al subgénero de la lírica, sino que también tocó otros aspectos del conocimiento. Los críticos proponen dos periodos de su producción.

Un primer período en el que compuso Sátiras, poesía crítica con abundantes elementos autobiográficos que persigue un fin moral y Epodos, composiciones de carácter lírico en las que tampoco está ausente la crítica social. El epodo es una composición de origen griego destinada al insulto y al improperio. Alguno de los epodos de Horacio conservan este carácter, pero otros son de carácter eminentemente lírico. Destaca aquel cuyo comienzo, Beatus ille, ha dado nombre a un tema literario, la alabanza de la vida en el campo.

En el segundo periodo escribiría Odas y Epístolas. Las odas son composiciones de carácter lírico que constituyen la obra cumbre de la lírica latina. Son cuatro libros con un total de 104 odas. En ella se jacta de haber sido el primero en transplantar al latín la lírica eolia en su conjunto, imitando los temas y los metros líricos griegos, sobre todo de Alceo, Safo y Anacreonte. Horacio tiene conciencia de que sus odas son lo mejor de su obra y afirma que serán más duraderas que el bronce. En las Odas el componente fundamental es el lírico. Podemos agrupar las odas en varios grupos temáticos: alabanza de Augusto, elogio de la amistad, tema filosófico y moral, el amor, y finalmente el campo y la naturaleza. Expone el poeta su filosofía de la vida: hay que saber hacer uso de las riquezas y ser generoso; no hay que dejarse abatir por la adversidad y debe uno gozar de los bienes presentes, que son precarios; lo mejor para ser feliz es la “áurea mediocridad” (Aurea mediocritas). Hay una invitación a gozar del momento presente, ya que el día de mañana es incierto: carpe diem. Este tema tendrá gran fortuna en la literatura universal.

Las Epístolas es la poesía de la reflexión moral y filosófica. Entre éstas últimas destaca Epistola ad Pisones, más conocida como Arte Poética, en la que sienta principios de preceptiva literaria que han tenido durante siglos pervivencia en nuestra cultura.

Influencia en la literatura posterior

Los temas y tópicos creados por Horacio gozarán de un respaldo universal a lo largo de la literatura posterior a su fallecimiento. Esencialmente partiendo desde el Renacimiento es difícil no hallar una sola composición influida por los tópicos o las formas horacianas. Así, destacan poetas como Ronsard, Petrarca o Garcilaso, que se vieron envueltos por la dulzura y las reflexiones horacianas. En España podemos encontrar grandes influencias horacianas en Fray Luis de León, que prácticamente lo parafrasea en algunas de sus poesías, José Cadalso o Leandro Fernández de Moratín; e incluso otros autores que seguirán el camino labrado por el poeta romano. Algunos poetas ingleses se verán también influidos por Horacio, como John Keats o John Milton. Más adelante, en la Generación del 27, también encontraremos influencias horacianas en poetas como en el vallisoletano Jorge Guillén. Su figura sigue asociada hoy día a los tópicos a los que le asoció la Edad Media, y que ahora pueden considerarse casi más medievales que plenamente romanos: el «Aurea mediocritas», el «Carpe diem» y el «Beatus Ille». No obstante, la vitalidad de Horacio sigue activa como uno de los clásicos latinos más extraordinarios, junto a otros como Cicerón, Virgilio, Ovidio y demás artistas inmortales.

X
CITAS Y FRASES DE
HORACIO

­                    Carpe diem, quam minimum credula postero: "Aprovecha el día de hoy y fíate lo menos posible del mañana."; (otra traducción) "Toma el día de hoy; no seas demasiado crédulo el día de mañana."

­                    Populus me sibilat, at mihi plaudo ipse domi". (Sátiras, 1, 166-67): "El pueblo me silba, pero yo me aplaudo en casa."

­                    "Dulce et decorum est pro patria mori": "Dulce y honorable es morir por la patria." - (Carmina 3, 2, 13)

­                    "Graecia capta ferum victorem cepit et artis intulit in agresti Latio": "la Grecia conquistada conquisto al bárbaro conquistador e introdujo las artes en el Lacio agreste"

­                    "Quid Rides? Mutato nomine de te fabula narratur": "¿Se qué ríes? , si cambias de nombre la historia habla de ti"

­                    "Acuérdate de conservar en los acontecimientos graves la mente serena."

­                    "Apresúrate siempre hacia la solución."

­                    "El placer que acompaña al trabajo pone en olvido a la fatiga."

­                    "El hombre avaricioso está lleno de temores, y quien vive con temor será siempre un siervo."

­                    "En los trances duros y lo mismo en la bonanza mantente siempre con ánimo sosegado."

­                    "Gobierna tu mente, o ella te gobernará a ti."

­                    "La conciencia es como un vaso, si no está limpio ensuciará todo lo que se eche en él."

­                    "La fortuna es como un vestido: muy holgado nos embaraza, muy estrecho nos oprime."

­                    "La pálida muerte lo mismo llama a las cabañas de los humildes que a las torres de los reyes."

­                    "La justicia, aunque anda cojeando, rara vez deja de alcanzar al criminal en su carrera."

­                    "La virtud de los padres es una gran dote."

­                    "Nadie nace libre de vicios. El hombre más perfecto es el que tiene menos."

­                    "Quien vive temeroso, no será nunca libre."

­                    "Quien mucho promete mina la confianza en él."

­                    "¿Quién es libre? Sólo el que sabe dominar sus pasiones."

­                    "Una pintura es un poema sin palabras."

­                    "Recorres el mundo en busca de una felicidad que está siempre al alcance de tu mano."

­                    "Qui sibi fidet, dux reget examen": "Quien confíe en sí mismo será el rey del enjambre"

­                    "Fugit irreparabile tempus": "El tiempo huye de modo irreparable"

jueves, 10 de mayo de 2012

UNA NECESARIA ACLARACIÓN.

Queridos lectores:

Tal vez algunos estéis extrañados con la aparición de poetas seculares y, aún más, aspectos mitológicos y religiosos no cristianos, en nuestras páginas.

Pensamos que Jesucristo, los apóstoles y las primeras comunidades cristianas vivieron y predicaron el Evangelio en un contexto cultural muy diferente al de hoy en muchos aspectos. Esa cultura se deja ver en el Nuevo Testamento, ya en palabras del Señor como de los evangelistas y apóstoles. Tanto los evangelios como las epístolas y la revelación, están sembrados de expresiones propias de la cultura greco-romana.

Si nos instruimos acerca de esos términos griegos y latinos, y sus significados para la época, comprenderemos mucho mejor lo difícil que fue la vida y transmisión del mensaje cristiano en aquel imperio politeista y pagano.

Adquirir estos conocimientos nos ayudan no sólo en nuestro progreso espiritual sino también para enriquecer nuestro acervo como poetas. Es necesario que renovemos nuestra mente y nos abramos a estos aprendizajes, sin abandonar nuestras convicciones cristianas.

Con afecto fraternal, vuestro amigo y hermano,

Iván Tapia CONTARDO.

CÁSTOR Y PÓLUX.


“Así que, pasados tres meses,
navegamos en una nave Alejandrina
que había invernado en la isla,
la cual tenía por enseña á Cástor y Pólux.”
Hechos 28:11

 Los gemelos más conocidos, Cástor y Polydeuces (Pólux en latín) asociados a las estrellas de la constelación de Géminis, eran llamados los Dióscoros que significa “los hijos de un dios” (dio = dios, koros = niño). Su madre era Leda, Reina de Esparta, que fue perseguida por el enamoradizo Zeus. Cuando ella rechazó las insinuaciones del dios, él se transformó en un cisne y la raptó. La Reina, que ya había sido preñada por su esposo, engendra entonces dos huevos de su amante el cisne. Del cascarón de uno de ellos salieron dos hijos mortales, Cástor y su hermana Clitemnestra, hijos del Rey Tíndaro. Del otro salieron los dos hijos divinos del dios Zeus: Pólux y Helena.

En este mito hay dos pares de gemelos, uno masculino y uno femenino. La mitad de cada par es mortal y la otra mitad es inmortal.

Los Dióscoros, unidos por el amor fraternal, nunca se separaban el uno del otro en ninguna de sus aventuras y se convirtieron en el orgullo de Esparta. Participaron de la expedición que fue en busca del Vellocino de Oro y también tomaron parte activa en la invasión de Atenas cuando se descubrió que Helena de Troya había sido raptada por el héroe Teseo.

Cástor era famoso como soldado y domador de caballos y Pólux como boxeador. Ambos ambiciosos, atrevidos, audaces, inquietos, llenos de vida y juventud eran conocidos por su tendencia a buscar aventuras y hazañas. Presiden la vida heroica juvenil y floreciente y como héroes se los veneraba no sólo en Esparta, sino también en la Hélade y Sicilia. Se destacaban en atletismo y eran entusiastas bailarines. En la danza de guerra que inventaron, veloz y fogosa, los dióscoros giran como pareja de danzantes mientras Atenea los acompaña tocando la flauta. La canción de Cástor precede al ejército espartano y al frente del ejército camina el antiguo símbolo de los dióscoros, ( ) la doble viga unida por travesaños.

Según el mito Cástor y Pólux pelearon con otro par de gemelos, Idas y Linceo. Idas mató a Cástor el gemelo mortal y Pólux a su vez mató a Linceo con su lanza. Zeus intervino en nombre de su hijo e hirió mortalmente a Idas con un rayo. La pena de Pólux por la muerte de su hermano era tan grande que imploró a su padre Zeus que le devolviera la vida o él rechazaba su inmortalidad sino podía compartirla con Cástor. Zeus conmovido, se compadeció de los hermanos y les permitió compartir sus destinos de vida y de muerte. Pertenecen a medias al Olimpo celestial y a medias al mundo subterráneo de Hades. Cambian de lugar en días alternos y se pasean de la oscuridad a la luz y de la luz a la oscuridad.

Los gemelos simbolizan una experiencia cíclica de opuestos, ya que cuando son mortales, deben probar la muerte y la oscuridad y cuando son divinos, la luz y los placeres de los dioses.

En la mitología romana encontramos a otros gemelos. Rómulo y Remo, fundadores de la ciudad de Roma. Eran hijos del dios de la guerra, Marte y habían sido criados por una loba. En este caso hallamos la pelea y la rivalidad entre los hermanos. Remo muere intentando matar a Rómulo. Remo es el gemelo “oscuro” que intenta destruir a su hermano “luminoso”, Rómulo.

Este par de fuerzas, la oscura y la luminosa, tiene que ver con el profundo dilema humano al que Carl Jung denomina “la sombra”, el enemigo interno, el hermano nacido en el mismo útero que no puede ser vencido y con quien uno debe estar en constante lucha.

En la Biblia también nos encontramos con Caín y Abel que, aún sin ser gemelos, simbolizan la polaridad del hermano “oscuro” Caín y el hermano “luminoso” Abel.

En la mitología sumeria hallamos a Inanna y Ereshkigal, las dos hermanas enemigas, en donde el aspecto luminoso tiene que aprender la muerte y la regeneración del aspecto oscuro.

El tema de la luz y la oscuridad penetra profundamente en la mitología e impregna la visión de las grandes religiones del mundo.

Los opuestos pueden variar. La batalla puede estar entre lo masculino y lo femenino, entre los valores intelectuales y emocionales, entre los objetivos espirituales y corporales o entre cualidades negativas y positivas.



Cástor Y Pólux

Josefa Parra Ramos (1)

Como bellas estatuas gemelas,
los nombres se entrelazan sin recato,
desnudos.
Bien sé que la locura os posee igualmente,
que las mismas salvajes laderas os recorren
los cuerpos adorables, oscurísimos cuerpos
donde el rizado vello se vuelve en contra mía
con el olor del ámbar y del lirio silente.

Os amo desde el borde del miedo.



(1) Nació en Jerez de la Frontera en 1965. Es licenciada en Filología Hispánica. Ha recibido los premios de poesía Breve Domecq (1989), Loewe a la creación joven (1995), además de haber sido dos veces finalista del Carmen Conde. Obra poética: “Elogio a la mala yerba”, “Tratado de cicatrices”, “Geografía carnal”.

martes, 10 de abril de 2012

LAS MUSAS GRIEGAS Y LA INSPIRACIÓN.

Inspiración artística

Nueve son las Diosas griegas inspiradoras de filósofos, poetas y artistas. Cuenta la mitología que fueron engendradas en nueve noches consecutivas.

Actualmente el término Musa se aplica no solo para definir a una persona que sirve de inspiración a un artista, sino también para explicar la afluencia creativa en cualquiera de las materias artísticas: “a ver si encuentro a mi musa” que viene a ser sinónimo de inspiración.

Explicación histórica mitológica.

Hijas de Zeus y de Mnemósine y nietas de Urano y Gea se las ubica mitológicamente en el monte Parnaso a cuyos pies se construyó la fuente Castalia de donde fluía el agua que, se suponía, purificaba a todos los artistas. También se dice que tenían un templo en el monte Helicón.
Pocos son los mitos que las mencionan, pero se dice de ellas que solían ser las cantantes de las fiestas que organizaban los dioses. También formaban parte del cortejo de Apolo y que conseguían, inspirando a los reyes, que éstos se ganasen el respeto de su pueblo.
Existe una leyenda de un enfrentamiento con las piérides (también nueve mujeres). Cada uno de los grupos de hermanas entonaron una canción y aun siendo armónicas las dos melodías, fueron las musas las que consiguieron mayor aceptación. Así que las piérides fueron castigadas por las propias musas que las convirtieron en urracas para que lo único que pudieran “entonar” fueran graznidos.
Nueve son las Musas y cada una de ellas está relacionada con una materia artística:
  • La mayor es Calíope, representa la elocuencia y la poesía épica. Suele portar un estilete y una tabla de escritura.
  • La siguiente, Clío, es la musa de la historia y de la poesía heroica. Suele representarse sosteniendo un rollo de pergamino.
  • Erato es la musa de la poesía amorosa y de la mímica. Es una lira la que sujeta.
  • Euterpe, la cuarta, es la musa de la poesía lírica y de la música. Y suele ser representada con una flauta.
  • La musa del teatro trágico es Melpómene. Un cuchillo en una mano y una máscara trágica en la otra es su imitación más común.
  • Polimnia representa los himnos sagrados. Simboliza la discreción por eso se la suele mostrar con un dedo sobre la boca, También una imagen típica suya es con un codo apoyado sobre una columna en actitud pensante.
  • La musa de la danza y de los coros dramáticos es Terpsícore. Y suele ir sentada con una lira. Como curiosidad se dice q fue la madre de las sirenas.
  • Talía es la representante de la comedia y de la poesía pastoral. La máscara de comedia y un cayado de pastor la simbolizan.
  • Y la última de las musas, Urania, que es la protectora de los astrónomos y los astrólogos. Y suele aparecer con una esfera en una mano, una espiga en la otra y con un manto cubierto de estrellas.
Inicialmente y tal y como son descritas se las relacionaba únicamente con la poesía y la música, pero no a modo de influencia sobre los artistas si no simplemente representantes de esta materia. El mérito a la reciprocidad actual que existe entre todas las artes y la Musas se la debemos a Platón que estableció este orden, atribuyendo a las musas el poder de dotar a los artistas de influencias creativas y creadoras.

Musas e Inspiración

Se llama inspiración a ese estímulo que consigue de repente que un artista crea que su obra es un elemento creativo diferenciador.
Todo lo relacionado con la inspiración es una búsqueda constante de elementos, circunstancias, hechos, personas que consiguen dotar al artista de una fuerza creadora imparable.
Queda por saber si el talento artístico depende de los momentos inspiradores, de ese instante en el que las musas soplan en el oído sintonías de creatividad, o si como dijo Pablo Picasso “cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando”.
Quizá sea una mezcla de los dos conceptos y ese soplido que llega del interior de cada uno de los artistas, sirva para iluminar el sendero de su trabajo.
Inspirados por Calíope, Clío, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Terpsícore, Talía y Urania se podría concluir que todo ser humano es un artista en potencia y que sólo depende de las circunstancias que le rodean para que cada uno aplique su arte a la vida. Alguien dijo alguna vez que “somos pequeños dioses en potencia”. Bonito concepto para hacer más armónica y armoniosa la vida. Lástima que no siempre se perciba el suave susurro melódico de lo que las musas quieran contar.
Linkografía: Las Musas griegas: Inspiración artística

LA INSPIRACIÓN, EL MISTERIO DEL ARTE
Felipe Aguirre
«No hay nada más elevado que acercarse a la Divinidad hasta donde otros no llegan y, desde allí, irradiar los efluvios divinos sobre el género humano».
L. van Beethoven

En el mágico seno del mundo intuitivo, donde la imaginación todo lo crea y una realidad sutil toma forma, habita serena e inmaculada una hija privilegiada de los dioses: la Inspiración. Con su inconfundible perfume y nívea mirada, derrama los dones más preciados sobre aquellos que saben entonar su invocación. Rodeada por sus nueve mensajeras, las Musas, embriaga las mentes de poetas, músicos, pintores y escultores para que, arrobados por un frenesí báquico, logren contemplar con verdadero entusiasmo la fuente misma del Arte y la plasmen en el reino de los hombres a través de creaciones sublimes.

¿Cuántas horas no hemos pasado frente a un papel vacío tratando de capturar una idea? ¿Cuál es ese «poder mágico» que ha hecho inmortales ciertas obras de arte, mientras que otras, simplemente, han caído en el olvido?

Desde la antigüedad, poetas y artistas han sentido la necesidad de encomendarse al poder inspirador de las Musas. Considerándose tan solo humildes instrumentos de lo divino, iniciaban sus cantos con una invocación:

«Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos, que, después de destruir la sagrada ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo (...) ¡Oh diosa, hija de Zeus!, cuéntanos aunque no sea más que una parte de tales cosas». (Homero, La Odisea I)

«¡Salud hijas de Zeus! Otorgadme el hechizo de vuestro canto». (Hesíodo, Teogonía)

«Cuéntame, Musa, las causas; ofendido qué numen o dolida por qué la reina de los dioses a sufrir tantas penas empujó a un hombre de insigne piedad, a hacer frente a tanta fatiga. ¿Tan grande es la ira del corazón de los dioses?»(Virgilio, La Eneida I)

«¡Oh musas, oh altos genios, ayudadme! ¡Oh memoria que apunta lo que vi, ahora se verá tu auténtica nobleza!» (Dante, La Divina Comedia, Infierno II)

Y no se trataba sólo de una fórmula literaria o de una simple costumbre; por el contrario, representaba para ellos la puerta de entrada al sagrado recinto del mundo creativo, donde los hechos mitológicos y las gestas heroicas, revestidas de sublimes versos e incantables melodías, yacían en su esencia más pura.

LAS MUSAS
Según la mitología griega, las nueve Musas descienden de Mnemosina, la diosa de la memoria. Por ese misterioso y simbólico parentesco, actuando como mediadoras entre los mortales y los dioses, entre el mundo divino y el terrestre, otorgan a los hombres el acceso a esa memoria celeste, a ese gran «archivo» donde –al decir de Platón- habita el mundo de las Ideas puras o Arquetipos, origen de toda creación artística. En otras palabras, es como si ellas tuvieran la capacidad de hacer «recordar» a los artistas, para que «cuenten» al mundo algo que éste todavía no conoce, algo que existe en estado latente, pero debe primero ser expresado en nuestro mundo material para poder hacerse perceptible a los sentidos físicos. Si reflexionamos acerca de esto, recordaremos que hubo un día que no existía la Quinta Sinfonía de Beethoven, ni el Romeo y Julieta de Shakespeare y, sin embargo, vinieron en algún momento a la existencia y, lo más importante de todo: vencieron la prueba del tiempo para dar a sucesivas generaciones un mensaje único y atemporal.

Así pues, en este largo camino que recorre la obra maestra desde sus invisibles orígenes hasta nuestros sentidos físicos, es donde se gesta el mágico proceso del genio creador. En él no solo intervienen el artista y su idea; más allá de estos dos factores, existe una larga cadena de eventos que son imprescindibles para que una obra llegue realmente a tener el «soplo divino».

El célebre filósofo griego Platón describió magistralmente este hecho en su diálogo sobre la poesía titulado Ion. Empleando una metáfora, nos cuenta que la Inspiración es una virtud que, representada de forma simbólica por una piedra magnética llamada «heraclea», tiene la capacidad de «magnetizar» todo aquello que entra en contacto con ella. A manera de anillos de hierro, se van uniendo a esta fuerza los diferentes seres que intervienen en el devenir creativo: en primer lugar las Musas, luego el poeta -en este caso, hace alusión al artista en general- y, por último, el público. Al estar todos unidos por ese magnetismo divino, participan de la «fuente primaria» que, a su vez, proviene del dios Apolo, aquel que rige las artes y, en especial, la música. También explica que «no es mediante el arte, sino por el entusiasmo y la inspiración, que los buenos poetas épicos componen sus bellos poemas». Con la palabra «arte», se refiere a los medios técnicos de que dispone un artista que, como bien sabemos, no constituyen la finalidad sino tan sólo una herramienta; y aquel «entusiasmo» del que habla no es otro que el enthousiasmos griego, cuyo significado asociamos a la inspiración o la presencia de lo divino en el ser humano.

Pero para que esa fuerza primigenia pueda llegar completamente pura al último eslabón -el público- es necesario que los anillos intermedios -en este caso el compositor o poeta y el músico intérprete o rapsoda- sean un verdadero medio o «canal» para que lo sagrado se manifieste a través de ellos, como el diamante, a través del cual se trasluce de forma pura la luz solar.

EL FUROR DIVINO
Otro aspecto importante, a través del cual podemos comprender la esencia de la inspiración, es el llamado «furor divino». Según los antiguos griegos, había diferentes maneras de «entrar en contacto» con el mundo celeste, con aquellos planos superiores donde se daba origen a todos los aspectos de la creación. Pero como se trataba de un mundo invisible y no accesible a través de los sentidos físicos, aquel que quería penetrar debía ser «arrebatado» por una fuerza superior a él. Este impulso inspirador que se ha dado en llamar furor divino, se manifiesta entre los hombres -como nos sugiere Marsilio Ficino en sus escritos- a través de cuatro aspectos: el amor (regido por Venus), la adivinación (bajo la protección de Apolo), la poesía (presidida por las Musas) y los Misterios (regidos por Dionisos). Es a través de estas cuatro formas de furor que actúa la ola creadora entre los hombres, aquella fuerza que llamamos inspiración. Debemos recordar que la palabra furor, que para el hombre moderno tiene una connotación diferente, para los antiguos era sinónimo de delirio o posesión divina.

Respecto al furor poético, aquel que concierne a la creación musical en concreto, encontramos la siguiente cita de Platón en su diálogo Fedro: «Hay otra clase de delirio y de posesión, que es la inspirada por las Musas; cuando se apodera de un alma inocente y pura aún, la transporta y le inspira odas y otros poemas que sirven para la enseñanza de las generaciones nuevas, celebrando las proezas de los antiguos héroes. Pero todo el que intente aproximarse al santuario de la poesía, sin estar agitado por este delirio que viene de las Musas, o que crea que el arte solo basta para hacerle poeta, estará muy distante de la perfección; y la poesía de estos entendidos se verá siempre eclipsada por los cantos que respiran un éxtasis divino».

LAS MUSAS DEL PRESENTE
En medio del mundo tecnológico y científico en el que vivimos, se observa el fenómeno de la inspiración como un producto de la parte creativa de la mente. A pesar de que los estudios más modernos no logran revelar de dónde provienen exactamente aquellos impulsos que impelen al ser humano a crear cosas nuevas, se tiende a centrar el origen creativo en el individuo mismo y en su capacidad mental. El arte del hombre moderno, más allá de las formas que utilice, se satisface en gran medida tan solo de ese –si bien rico- limitado potencial de la mente y lo puramente imaginativo. Sin pensarlo, hemos olvidado que el artista no es más que un instrumento de algo mucho más grande. Alejados ya de aquellas antiguas invocaciones a las Musas y, en cierta forma, alejados de aquel mundo que Platón llama «de los arquetipos», contemplamos en los albores del siglo XXI una nueva expresión artística más «moderna», más «original», más llena de «técnica», pero a su vez, menos «despersonalizada» y, por ende, menos «inspirada»… Pero como la historia suele repetirse una y otra vez, quizá estemos a las puertas de un «nuevo renacimiento», de un nuevo «retorno a los orígenes»; y entonces quizá digamos: qué suerte haber conservado el legado del mito antiguo, aquel que abre nuestro conocimiento a otra realidad, a otro modo de comprensión; aquel que con su poesía y su metáfora despierta en nosotros una cualidad intuitiva, una imagen invisible que nos cuenta algo que la razón tal vez no comprende, pero el alma sí.

martes, 27 de marzo de 2012

LA MITOLOGÍA GRIEGA EN LA LITERATURA UNIVERSAL.

La mitología griega ha servido de inspiración a las artes del mundo occidental que abarcan la literatura, la pintura, la escultura y la música entre otras. En ella encontramos a héroes y dioses que poseen las virtudes, las pasiones, las cualidades y defectos de los seres humanos que jamás cambiarán. Es por eso que varias de aquellas obras que se realizaron con posterioridad al período griego que se enmarca en la llamada "antigüedad" en la historia han sido consideradas como clásicas.

En esta ocasión he escogido una obra de la gran escritora contemporánea Marguerite Yourcenar, muy conocida en el ámbito literario nacional como internacional como extraordinaria literata y profunda investigadora del helenismo. Su nombre recorrió el mundo después de publicar "Las memorias de Adriano", una de las obras cumbres del siglo XX que algunos críticos literarios consideran incluso como la mejor obra del siglo pasado. Ese libro, como otros de M. Yourcenar, están fuertemente influidos por la cultura griega. A esta intelectual belga también se le debe el mérito de haber traducido los poemas de Constantino Kavafis que hasta entonces permanecía oculto a los ojos del mundo. Pero vamos a lo nuestro. La obra que leeremos a continuación está basada en un personaje mitológico que de acuerdo a las teorías arqueológicas de Schliemann, pudo haber sido perfectamente real.

El nombre de Clitemnestra nos remonta a los poemas homéricos. Una reina del Peloponeso casada con Agamenón, el gallardo y soberbio general de los griegos o aqueos en el sitio de Troya ("la Ilíada") es también prima de Helena, la raptada reina aquea por culpa de la cual se provocó la famosa guerra conocida como troyana. El esposo de Helena, el indulgente rey Menelao es su cuñado ya que es hermano de Agamenón.

En la literatura griega, Clitemnestra, personaje protagónico de varias obras trágicas es una mujer que simboliza la pasión. Ciega de rabia porque su esposo sacrifica a la hija mayor de ambos, Ifigenia, para que los dioses favorecieran a los aqueos en la guerra, toma como amante a Egisto, un primo joven de su marido, que por razones familiares, rivaliza con Agamenón. Cuando este último regresa de la guerra tras diez años de ausencia acompañado de su amante, Casandra, la princesa troyana cautiva, hija del derrotado rey Príamo y conocida por sus dotes de profetisa, Clitemnestra decide vengarse. Con su amante, Egisto, deciden asesinar al recién llegado rey, Agamenón, a pesar de que todavía viven en el palacio micénico los tres hijos restantes de su boda real. Ellos son Electra, Crisotemis y Orestes quienes, sin lugar a dudas, se enteran del asesinato de su padre.

De acuerdo a las versiones literarias que nos han llegado hasta nuestros días, tanto en La Odisea como en las tragedias griegas, Clitemnestra sigue gobernando como reina en Micenas junto a su amante. Sin embargo, el rencor profundo de su hija Electra, quién no perdona a la madre por su indecorosa conducta, por decir lo menos, espera la llegada de su hermano Orestes, quién fue enviado al extranjero después de la muerte de su padre para que éste mate a Clitemnestra y a su amante. De acuerdo a los documentos literarios antiguos de los helenos, Orestes cumplió con los deseos de su hermana al regresar ya adolescente al reino de Micenas. Se supone también que después de un cierto período de tiempo en el que es atormentado por las furias, los dioses del Olimpo se compadecen de su cruel destino y lo perdonan.


COMPRENSIÓN DE LECTURA.

En la literatura griega Clitemnestra simboliza ...

El esposo de Clitemnestra sacrificó a su ...,  Ifigenia.

En reacción a la acción de su esposo, Clitemnestra toma como ... a Egisto.

La princesa troyana cautiva, hija del rey Príamo, se llamaba Casandra y era conocida por sus dotes de ...
 
Clitemnestra gobernaba como reina en ...

Electra, hija de ... esperaba la llegada de ..., para que ... a Clitemnestra y a su amante.

...fue atormentado por las furias.


Margarite Yourcenar medita y profundiza largamente el personaje de Clitemnestra. Hay un hecho que ocurre en la vida de la reina micénica que no pasa inadvertido a la brillante escritora. ¿Por qué la reina asesina y su amante nunca fueron enjuiciados y permanecieron en palacio de algún modo amparados por el silencio del pueblo?

Esta es la versión de Marguerite Yourcenar al respecto. Este cuento
se titula:


"CLITEMNESTRA O EL CRIMEN"

 Linkografía:

http://www.elforolatino.com/f85/la-mitologia-griega-en-la-literatura-universal-269/



"CLITEMNESTRA O EL CRIMEN"


Voy a explicarles señores jueces.... Tengo ante mí innumerables órbitas de ojos; líneas circulares de manos puestas en las rodillas, de pies descalzos descansando en la piedra, de pupilas fijas de donde mana la mirada, de bocas cerradas donde el silencio madura un juicio. Tengo ante mí audiencias de piedra. Maté a aquel hombre con un cuchillo, dentro de la bañera, con ayuda de mi miserable amante que ni siquiera era capaz de sujetarle los pies. Ya conocéis mi historia: no hay ninguno de vosotros que no la haya repetido veinte veces al acabar la copiosa comida, acompañada del bostezo de las sirvientas, ni una de vuestras mujeres que no haya soñado ser alguna vez Clitemnestra. Vuestros pensamientos criminales, vuestras ansias inconfesadas ruedan por los escalones y vienen a derramarse en mí, de suerte que una especie de horrible vaivén hace de vosotros mi conciencia y de mí vuestro grito. Habéis acudido aquí para que la escena del asesinato se repita ante vuestros ojos un poco más rápidamente que en la realidad, pues os espera el hogar y la cena y sólo podéis dedicar unas cuantas horas a oírme llorar. Y en ese corto espacio de tiempo es preciso que no sólo mis actos, sino que también sus motivos estallen a plena luz, aun cuando para afirmarse han necesitado cuarenta años. Esperé a aquel hombre antes de que tuviera un nombre, un rostro, cuando aún no era sino mi lejana desgracia. Busqué entre la multitud de los vivos a ese ser necesario a mis futuras delicias: miré a los hombres sólo como se mira a los transeúntes que pasan por la taquilla de una estación, para asegurarse que no son las personas que uno está esperando. Si mi nodriza me envolvió en pañales al salir de mi madre, fue para él; si aprendí a contar en la pizarra del colegio, fue para poder llevar las cuentas de su casa de hombre rico. Para alfombrar el camino donde tal vez se posaría el pie del desconocido que haría de mí su sierva, tejí sábanas y estandartes de oro; de tanto afanarme, dejé caer de cuando en cuando en el blando tejido unas gotas de mi sangre. Mis padres me lo escogieron, y aunque él me hubiera raptado a espaldas de mi familia, yo hubiera seguido obedeciendo al deseo de mis padres, puestos que nuestros sueños de ellos provienen y el hombre que amamos es siempre aquel con quien sueñan nuestras abuelas. Le dejé sacrificar el porvenir de nuestros hijos a sus ambiciones de hombre: ni siquiera lloré cuando murió nuestra hija. Consentí en deshacerme en su destino como una fruta en una boca, para aportarle sólo una sensación de dulzura. Señores jueces, vosotros lo conocisteis ya ajado por la gloria, envejecido por diez años de guerra, convertido en una especia de ídolo enorme desgastado por las caricias de las mujeres asiáticas, salpicado por el barro de las trincheras. Sólo yo estuve con él en su época de dios. Era muy dulce para mí llevarle, en una bandeja grande de cobre, el vaso de agua que derramaría en él sus reservas de frescor; era dulce para mí, en la ardiente cocina, prepararle los platos que colmaría su hambre y alimentarían su sangre. Era muy dulce para mí, entorpecida por el peso de la simiente humana, poner las manos sobre mi vientre hinchado donde fermentaban mis hijos. Por la noche, cuando volvía de la caza, yo me arrojaba con alegría sobre su pecho de oro. Pero los hombres no están hechos para pasar toda la vida calentándose las manos al fuego del mismo hogar: partió hacia nuevas conquistas y me dejó allí, abandonada como una casa enorme y vacía que oye latir un inútil reloj. El tiempo pasado lejos de él se perdía, gota a gota o a chorros, como sangre desperdiciada, dejándome más pobre de porvenir cada día. Algunos soldados ebrios que venían con permiso me contaban la vida que él llevaba en los campamentos de la retaguardia. El ejército de oriente se hallaba infestado de mujeres: judías de Salónica, armenias de Tiflis cuyos ojos azules engarzados en sombríos párpados recuerdan el fondo de una gruta oscura, turcas pesadas y dulzonas como los pasteles en cuya composición entra la miel recibía cartas los días de aniversario; mi vida transcurría espiando por el camino el paso del cartero cojo. De día, luchaba contra la angustia; de noche, luchaba contra el deseo; sin cesar, luchaba contra el vacío, forma cobarde de la desgracia.. Pasaban los días uno tras otro por las calles desiertas como una procesión de viudas; la plaza del pueblo parecía negra con tantas mujeres de luto. Yo envidiaba a aquellas desgraciadas por no tener más rival que la tierra y por saber, al menos, que su hombre dormía solo. Yo vigilaba en lugar del mío los trabajos del campo y los caminos del mar; recogía las cosechas; mandaba clavar la cabeza de los bandidos en el poste del mercado; utilizaba su fusil para dispararle a las cornejas; azotaba los flancos de su yegua de caza con mis polainas de tela parda. Poco a poco, yo iba ocupando el lugar del hombre que me faltaba y que me invadía. Acabé por contemplar, con los mismos ojos que él, el cuello blanco de las sirvientas. Egisto galopaba a mi lado por los eriales; tenía casi la edad de ir a reunirse con los hombres; me devolvía la época de los besos entre primos perdidos en el bosque, durante las vacaciones de verano. Yo lo miraba menos como un amante que como a un niño que hubiera engendrado en mí la ausencia; pagaba sus gastos de guarnicioneros y caballos. Infiel a mi hombre, seguía imitándolo: Egisto no era para mí sino lo equivalente a las mujeres asiáticas o a la innoble Arginia. Señores jueces, no existe más que un hombre en el mundo: los demás no son más que un error o un triste consuelo, y el adulterio es a menudo una forma desesperada de la fidelidad. Si yo engañé a alguien fue con toda seguridad al pobre Egisto. Lo necesitaba para percatarme de que hasta qué punto el que yo amaba me era irremplazable. Cansada de acariciarlo, subía yo a la torre para compartir el insomnio del centinela. Una noche, el horizonte del este empezó a arder tres horas antes de llegar la aurora. Troya ardía: el viento que volaba de Asia transportaba sobre el mar pavesas y nubes de ceniza; las fogatas de los centinelas se encendieron en las cimas: el monte Athos y el Olimpo, Elpindo y el Erimanto parecían hogueras; la lengua de la última llama se posaba frente a mí en la pequeña colina que desde hace veinticinco años me tapaba el horizonte.