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jueves, 10 de mayo de 2012

CÁSTOR Y PÓLUX.


“Así que, pasados tres meses,
navegamos en una nave Alejandrina
que había invernado en la isla,
la cual tenía por enseña á Cástor y Pólux.”
Hechos 28:11

 Los gemelos más conocidos, Cástor y Polydeuces (Pólux en latín) asociados a las estrellas de la constelación de Géminis, eran llamados los Dióscoros que significa “los hijos de un dios” (dio = dios, koros = niño). Su madre era Leda, Reina de Esparta, que fue perseguida por el enamoradizo Zeus. Cuando ella rechazó las insinuaciones del dios, él se transformó en un cisne y la raptó. La Reina, que ya había sido preñada por su esposo, engendra entonces dos huevos de su amante el cisne. Del cascarón de uno de ellos salieron dos hijos mortales, Cástor y su hermana Clitemnestra, hijos del Rey Tíndaro. Del otro salieron los dos hijos divinos del dios Zeus: Pólux y Helena.

En este mito hay dos pares de gemelos, uno masculino y uno femenino. La mitad de cada par es mortal y la otra mitad es inmortal.

Los Dióscoros, unidos por el amor fraternal, nunca se separaban el uno del otro en ninguna de sus aventuras y se convirtieron en el orgullo de Esparta. Participaron de la expedición que fue en busca del Vellocino de Oro y también tomaron parte activa en la invasión de Atenas cuando se descubrió que Helena de Troya había sido raptada por el héroe Teseo.

Cástor era famoso como soldado y domador de caballos y Pólux como boxeador. Ambos ambiciosos, atrevidos, audaces, inquietos, llenos de vida y juventud eran conocidos por su tendencia a buscar aventuras y hazañas. Presiden la vida heroica juvenil y floreciente y como héroes se los veneraba no sólo en Esparta, sino también en la Hélade y Sicilia. Se destacaban en atletismo y eran entusiastas bailarines. En la danza de guerra que inventaron, veloz y fogosa, los dióscoros giran como pareja de danzantes mientras Atenea los acompaña tocando la flauta. La canción de Cástor precede al ejército espartano y al frente del ejército camina el antiguo símbolo de los dióscoros, ( ) la doble viga unida por travesaños.

Según el mito Cástor y Pólux pelearon con otro par de gemelos, Idas y Linceo. Idas mató a Cástor el gemelo mortal y Pólux a su vez mató a Linceo con su lanza. Zeus intervino en nombre de su hijo e hirió mortalmente a Idas con un rayo. La pena de Pólux por la muerte de su hermano era tan grande que imploró a su padre Zeus que le devolviera la vida o él rechazaba su inmortalidad sino podía compartirla con Cástor. Zeus conmovido, se compadeció de los hermanos y les permitió compartir sus destinos de vida y de muerte. Pertenecen a medias al Olimpo celestial y a medias al mundo subterráneo de Hades. Cambian de lugar en días alternos y se pasean de la oscuridad a la luz y de la luz a la oscuridad.

Los gemelos simbolizan una experiencia cíclica de opuestos, ya que cuando son mortales, deben probar la muerte y la oscuridad y cuando son divinos, la luz y los placeres de los dioses.

En la mitología romana encontramos a otros gemelos. Rómulo y Remo, fundadores de la ciudad de Roma. Eran hijos del dios de la guerra, Marte y habían sido criados por una loba. En este caso hallamos la pelea y la rivalidad entre los hermanos. Remo muere intentando matar a Rómulo. Remo es el gemelo “oscuro” que intenta destruir a su hermano “luminoso”, Rómulo.

Este par de fuerzas, la oscura y la luminosa, tiene que ver con el profundo dilema humano al que Carl Jung denomina “la sombra”, el enemigo interno, el hermano nacido en el mismo útero que no puede ser vencido y con quien uno debe estar en constante lucha.

En la Biblia también nos encontramos con Caín y Abel que, aún sin ser gemelos, simbolizan la polaridad del hermano “oscuro” Caín y el hermano “luminoso” Abel.

En la mitología sumeria hallamos a Inanna y Ereshkigal, las dos hermanas enemigas, en donde el aspecto luminoso tiene que aprender la muerte y la regeneración del aspecto oscuro.

El tema de la luz y la oscuridad penetra profundamente en la mitología e impregna la visión de las grandes religiones del mundo.

Los opuestos pueden variar. La batalla puede estar entre lo masculino y lo femenino, entre los valores intelectuales y emocionales, entre los objetivos espirituales y corporales o entre cualidades negativas y positivas.



Cástor Y Pólux

Josefa Parra Ramos (1)

Como bellas estatuas gemelas,
los nombres se entrelazan sin recato,
desnudos.
Bien sé que la locura os posee igualmente,
que las mismas salvajes laderas os recorren
los cuerpos adorables, oscurísimos cuerpos
donde el rizado vello se vuelve en contra mía
con el olor del ámbar y del lirio silente.

Os amo desde el borde del miedo.



(1) Nació en Jerez de la Frontera en 1965. Es licenciada en Filología Hispánica. Ha recibido los premios de poesía Breve Domecq (1989), Loewe a la creación joven (1995), además de haber sido dos veces finalista del Carmen Conde. Obra poética: “Elogio a la mala yerba”, “Tratado de cicatrices”, “Geografía carnal”.

martes, 10 de abril de 2012

LAS MUSAS GRIEGAS Y LA INSPIRACIÓN.

Inspiración artística

Nueve son las Diosas griegas inspiradoras de filósofos, poetas y artistas. Cuenta la mitología que fueron engendradas en nueve noches consecutivas.

Actualmente el término Musa se aplica no solo para definir a una persona que sirve de inspiración a un artista, sino también para explicar la afluencia creativa en cualquiera de las materias artísticas: “a ver si encuentro a mi musa” que viene a ser sinónimo de inspiración.

Explicación histórica mitológica.

Hijas de Zeus y de Mnemósine y nietas de Urano y Gea se las ubica mitológicamente en el monte Parnaso a cuyos pies se construyó la fuente Castalia de donde fluía el agua que, se suponía, purificaba a todos los artistas. También se dice que tenían un templo en el monte Helicón.
Pocos son los mitos que las mencionan, pero se dice de ellas que solían ser las cantantes de las fiestas que organizaban los dioses. También formaban parte del cortejo de Apolo y que conseguían, inspirando a los reyes, que éstos se ganasen el respeto de su pueblo.
Existe una leyenda de un enfrentamiento con las piérides (también nueve mujeres). Cada uno de los grupos de hermanas entonaron una canción y aun siendo armónicas las dos melodías, fueron las musas las que consiguieron mayor aceptación. Así que las piérides fueron castigadas por las propias musas que las convirtieron en urracas para que lo único que pudieran “entonar” fueran graznidos.
Nueve son las Musas y cada una de ellas está relacionada con una materia artística:
  • La mayor es Calíope, representa la elocuencia y la poesía épica. Suele portar un estilete y una tabla de escritura.
  • La siguiente, Clío, es la musa de la historia y de la poesía heroica. Suele representarse sosteniendo un rollo de pergamino.
  • Erato es la musa de la poesía amorosa y de la mímica. Es una lira la que sujeta.
  • Euterpe, la cuarta, es la musa de la poesía lírica y de la música. Y suele ser representada con una flauta.
  • La musa del teatro trágico es Melpómene. Un cuchillo en una mano y una máscara trágica en la otra es su imitación más común.
  • Polimnia representa los himnos sagrados. Simboliza la discreción por eso se la suele mostrar con un dedo sobre la boca, También una imagen típica suya es con un codo apoyado sobre una columna en actitud pensante.
  • La musa de la danza y de los coros dramáticos es Terpsícore. Y suele ir sentada con una lira. Como curiosidad se dice q fue la madre de las sirenas.
  • Talía es la representante de la comedia y de la poesía pastoral. La máscara de comedia y un cayado de pastor la simbolizan.
  • Y la última de las musas, Urania, que es la protectora de los astrónomos y los astrólogos. Y suele aparecer con una esfera en una mano, una espiga en la otra y con un manto cubierto de estrellas.
Inicialmente y tal y como son descritas se las relacionaba únicamente con la poesía y la música, pero no a modo de influencia sobre los artistas si no simplemente representantes de esta materia. El mérito a la reciprocidad actual que existe entre todas las artes y la Musas se la debemos a Platón que estableció este orden, atribuyendo a las musas el poder de dotar a los artistas de influencias creativas y creadoras.

Musas e Inspiración

Se llama inspiración a ese estímulo que consigue de repente que un artista crea que su obra es un elemento creativo diferenciador.
Todo lo relacionado con la inspiración es una búsqueda constante de elementos, circunstancias, hechos, personas que consiguen dotar al artista de una fuerza creadora imparable.
Queda por saber si el talento artístico depende de los momentos inspiradores, de ese instante en el que las musas soplan en el oído sintonías de creatividad, o si como dijo Pablo Picasso “cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando”.
Quizá sea una mezcla de los dos conceptos y ese soplido que llega del interior de cada uno de los artistas, sirva para iluminar el sendero de su trabajo.
Inspirados por Calíope, Clío, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Terpsícore, Talía y Urania se podría concluir que todo ser humano es un artista en potencia y que sólo depende de las circunstancias que le rodean para que cada uno aplique su arte a la vida. Alguien dijo alguna vez que “somos pequeños dioses en potencia”. Bonito concepto para hacer más armónica y armoniosa la vida. Lástima que no siempre se perciba el suave susurro melódico de lo que las musas quieran contar.
Linkografía: Las Musas griegas: Inspiración artística

LA INSPIRACIÓN, EL MISTERIO DEL ARTE
Felipe Aguirre
«No hay nada más elevado que acercarse a la Divinidad hasta donde otros no llegan y, desde allí, irradiar los efluvios divinos sobre el género humano».
L. van Beethoven

En el mágico seno del mundo intuitivo, donde la imaginación todo lo crea y una realidad sutil toma forma, habita serena e inmaculada una hija privilegiada de los dioses: la Inspiración. Con su inconfundible perfume y nívea mirada, derrama los dones más preciados sobre aquellos que saben entonar su invocación. Rodeada por sus nueve mensajeras, las Musas, embriaga las mentes de poetas, músicos, pintores y escultores para que, arrobados por un frenesí báquico, logren contemplar con verdadero entusiasmo la fuente misma del Arte y la plasmen en el reino de los hombres a través de creaciones sublimes.

¿Cuántas horas no hemos pasado frente a un papel vacío tratando de capturar una idea? ¿Cuál es ese «poder mágico» que ha hecho inmortales ciertas obras de arte, mientras que otras, simplemente, han caído en el olvido?

Desde la antigüedad, poetas y artistas han sentido la necesidad de encomendarse al poder inspirador de las Musas. Considerándose tan solo humildes instrumentos de lo divino, iniciaban sus cantos con una invocación:

«Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos, que, después de destruir la sagrada ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo (...) ¡Oh diosa, hija de Zeus!, cuéntanos aunque no sea más que una parte de tales cosas». (Homero, La Odisea I)

«¡Salud hijas de Zeus! Otorgadme el hechizo de vuestro canto». (Hesíodo, Teogonía)

«Cuéntame, Musa, las causas; ofendido qué numen o dolida por qué la reina de los dioses a sufrir tantas penas empujó a un hombre de insigne piedad, a hacer frente a tanta fatiga. ¿Tan grande es la ira del corazón de los dioses?»(Virgilio, La Eneida I)

«¡Oh musas, oh altos genios, ayudadme! ¡Oh memoria que apunta lo que vi, ahora se verá tu auténtica nobleza!» (Dante, La Divina Comedia, Infierno II)

Y no se trataba sólo de una fórmula literaria o de una simple costumbre; por el contrario, representaba para ellos la puerta de entrada al sagrado recinto del mundo creativo, donde los hechos mitológicos y las gestas heroicas, revestidas de sublimes versos e incantables melodías, yacían en su esencia más pura.

LAS MUSAS
Según la mitología griega, las nueve Musas descienden de Mnemosina, la diosa de la memoria. Por ese misterioso y simbólico parentesco, actuando como mediadoras entre los mortales y los dioses, entre el mundo divino y el terrestre, otorgan a los hombres el acceso a esa memoria celeste, a ese gran «archivo» donde –al decir de Platón- habita el mundo de las Ideas puras o Arquetipos, origen de toda creación artística. En otras palabras, es como si ellas tuvieran la capacidad de hacer «recordar» a los artistas, para que «cuenten» al mundo algo que éste todavía no conoce, algo que existe en estado latente, pero debe primero ser expresado en nuestro mundo material para poder hacerse perceptible a los sentidos físicos. Si reflexionamos acerca de esto, recordaremos que hubo un día que no existía la Quinta Sinfonía de Beethoven, ni el Romeo y Julieta de Shakespeare y, sin embargo, vinieron en algún momento a la existencia y, lo más importante de todo: vencieron la prueba del tiempo para dar a sucesivas generaciones un mensaje único y atemporal.

Así pues, en este largo camino que recorre la obra maestra desde sus invisibles orígenes hasta nuestros sentidos físicos, es donde se gesta el mágico proceso del genio creador. En él no solo intervienen el artista y su idea; más allá de estos dos factores, existe una larga cadena de eventos que son imprescindibles para que una obra llegue realmente a tener el «soplo divino».

El célebre filósofo griego Platón describió magistralmente este hecho en su diálogo sobre la poesía titulado Ion. Empleando una metáfora, nos cuenta que la Inspiración es una virtud que, representada de forma simbólica por una piedra magnética llamada «heraclea», tiene la capacidad de «magnetizar» todo aquello que entra en contacto con ella. A manera de anillos de hierro, se van uniendo a esta fuerza los diferentes seres que intervienen en el devenir creativo: en primer lugar las Musas, luego el poeta -en este caso, hace alusión al artista en general- y, por último, el público. Al estar todos unidos por ese magnetismo divino, participan de la «fuente primaria» que, a su vez, proviene del dios Apolo, aquel que rige las artes y, en especial, la música. También explica que «no es mediante el arte, sino por el entusiasmo y la inspiración, que los buenos poetas épicos componen sus bellos poemas». Con la palabra «arte», se refiere a los medios técnicos de que dispone un artista que, como bien sabemos, no constituyen la finalidad sino tan sólo una herramienta; y aquel «entusiasmo» del que habla no es otro que el enthousiasmos griego, cuyo significado asociamos a la inspiración o la presencia de lo divino en el ser humano.

Pero para que esa fuerza primigenia pueda llegar completamente pura al último eslabón -el público- es necesario que los anillos intermedios -en este caso el compositor o poeta y el músico intérprete o rapsoda- sean un verdadero medio o «canal» para que lo sagrado se manifieste a través de ellos, como el diamante, a través del cual se trasluce de forma pura la luz solar.

EL FUROR DIVINO
Otro aspecto importante, a través del cual podemos comprender la esencia de la inspiración, es el llamado «furor divino». Según los antiguos griegos, había diferentes maneras de «entrar en contacto» con el mundo celeste, con aquellos planos superiores donde se daba origen a todos los aspectos de la creación. Pero como se trataba de un mundo invisible y no accesible a través de los sentidos físicos, aquel que quería penetrar debía ser «arrebatado» por una fuerza superior a él. Este impulso inspirador que se ha dado en llamar furor divino, se manifiesta entre los hombres -como nos sugiere Marsilio Ficino en sus escritos- a través de cuatro aspectos: el amor (regido por Venus), la adivinación (bajo la protección de Apolo), la poesía (presidida por las Musas) y los Misterios (regidos por Dionisos). Es a través de estas cuatro formas de furor que actúa la ola creadora entre los hombres, aquella fuerza que llamamos inspiración. Debemos recordar que la palabra furor, que para el hombre moderno tiene una connotación diferente, para los antiguos era sinónimo de delirio o posesión divina.

Respecto al furor poético, aquel que concierne a la creación musical en concreto, encontramos la siguiente cita de Platón en su diálogo Fedro: «Hay otra clase de delirio y de posesión, que es la inspirada por las Musas; cuando se apodera de un alma inocente y pura aún, la transporta y le inspira odas y otros poemas que sirven para la enseñanza de las generaciones nuevas, celebrando las proezas de los antiguos héroes. Pero todo el que intente aproximarse al santuario de la poesía, sin estar agitado por este delirio que viene de las Musas, o que crea que el arte solo basta para hacerle poeta, estará muy distante de la perfección; y la poesía de estos entendidos se verá siempre eclipsada por los cantos que respiran un éxtasis divino».

LAS MUSAS DEL PRESENTE
En medio del mundo tecnológico y científico en el que vivimos, se observa el fenómeno de la inspiración como un producto de la parte creativa de la mente. A pesar de que los estudios más modernos no logran revelar de dónde provienen exactamente aquellos impulsos que impelen al ser humano a crear cosas nuevas, se tiende a centrar el origen creativo en el individuo mismo y en su capacidad mental. El arte del hombre moderno, más allá de las formas que utilice, se satisface en gran medida tan solo de ese –si bien rico- limitado potencial de la mente y lo puramente imaginativo. Sin pensarlo, hemos olvidado que el artista no es más que un instrumento de algo mucho más grande. Alejados ya de aquellas antiguas invocaciones a las Musas y, en cierta forma, alejados de aquel mundo que Platón llama «de los arquetipos», contemplamos en los albores del siglo XXI una nueva expresión artística más «moderna», más «original», más llena de «técnica», pero a su vez, menos «despersonalizada» y, por ende, menos «inspirada»… Pero como la historia suele repetirse una y otra vez, quizá estemos a las puertas de un «nuevo renacimiento», de un nuevo «retorno a los orígenes»; y entonces quizá digamos: qué suerte haber conservado el legado del mito antiguo, aquel que abre nuestro conocimiento a otra realidad, a otro modo de comprensión; aquel que con su poesía y su metáfora despierta en nosotros una cualidad intuitiva, una imagen invisible que nos cuenta algo que la razón tal vez no comprende, pero el alma sí.

martes, 27 de marzo de 2012

LA MITOLOGÍA GRIEGA EN LA LITERATURA UNIVERSAL.

La mitología griega ha servido de inspiración a las artes del mundo occidental que abarcan la literatura, la pintura, la escultura y la música entre otras. En ella encontramos a héroes y dioses que poseen las virtudes, las pasiones, las cualidades y defectos de los seres humanos que jamás cambiarán. Es por eso que varias de aquellas obras que se realizaron con posterioridad al período griego que se enmarca en la llamada "antigüedad" en la historia han sido consideradas como clásicas.

En esta ocasión he escogido una obra de la gran escritora contemporánea Marguerite Yourcenar, muy conocida en el ámbito literario nacional como internacional como extraordinaria literata y profunda investigadora del helenismo. Su nombre recorrió el mundo después de publicar "Las memorias de Adriano", una de las obras cumbres del siglo XX que algunos críticos literarios consideran incluso como la mejor obra del siglo pasado. Ese libro, como otros de M. Yourcenar, están fuertemente influidos por la cultura griega. A esta intelectual belga también se le debe el mérito de haber traducido los poemas de Constantino Kavafis que hasta entonces permanecía oculto a los ojos del mundo. Pero vamos a lo nuestro. La obra que leeremos a continuación está basada en un personaje mitológico que de acuerdo a las teorías arqueológicas de Schliemann, pudo haber sido perfectamente real.

El nombre de Clitemnestra nos remonta a los poemas homéricos. Una reina del Peloponeso casada con Agamenón, el gallardo y soberbio general de los griegos o aqueos en el sitio de Troya ("la Ilíada") es también prima de Helena, la raptada reina aquea por culpa de la cual se provocó la famosa guerra conocida como troyana. El esposo de Helena, el indulgente rey Menelao es su cuñado ya que es hermano de Agamenón.

En la literatura griega, Clitemnestra, personaje protagónico de varias obras trágicas es una mujer que simboliza la pasión. Ciega de rabia porque su esposo sacrifica a la hija mayor de ambos, Ifigenia, para que los dioses favorecieran a los aqueos en la guerra, toma como amante a Egisto, un primo joven de su marido, que por razones familiares, rivaliza con Agamenón. Cuando este último regresa de la guerra tras diez años de ausencia acompañado de su amante, Casandra, la princesa troyana cautiva, hija del derrotado rey Príamo y conocida por sus dotes de profetisa, Clitemnestra decide vengarse. Con su amante, Egisto, deciden asesinar al recién llegado rey, Agamenón, a pesar de que todavía viven en el palacio micénico los tres hijos restantes de su boda real. Ellos son Electra, Crisotemis y Orestes quienes, sin lugar a dudas, se enteran del asesinato de su padre.

De acuerdo a las versiones literarias que nos han llegado hasta nuestros días, tanto en La Odisea como en las tragedias griegas, Clitemnestra sigue gobernando como reina en Micenas junto a su amante. Sin embargo, el rencor profundo de su hija Electra, quién no perdona a la madre por su indecorosa conducta, por decir lo menos, espera la llegada de su hermano Orestes, quién fue enviado al extranjero después de la muerte de su padre para que éste mate a Clitemnestra y a su amante. De acuerdo a los documentos literarios antiguos de los helenos, Orestes cumplió con los deseos de su hermana al regresar ya adolescente al reino de Micenas. Se supone también que después de un cierto período de tiempo en el que es atormentado por las furias, los dioses del Olimpo se compadecen de su cruel destino y lo perdonan.


COMPRENSIÓN DE LECTURA.

En la literatura griega Clitemnestra simboliza ...

El esposo de Clitemnestra sacrificó a su ...,  Ifigenia.

En reacción a la acción de su esposo, Clitemnestra toma como ... a Egisto.

La princesa troyana cautiva, hija del rey Príamo, se llamaba Casandra y era conocida por sus dotes de ...
 
Clitemnestra gobernaba como reina en ...

Electra, hija de ... esperaba la llegada de ..., para que ... a Clitemnestra y a su amante.

...fue atormentado por las furias.


Margarite Yourcenar medita y profundiza largamente el personaje de Clitemnestra. Hay un hecho que ocurre en la vida de la reina micénica que no pasa inadvertido a la brillante escritora. ¿Por qué la reina asesina y su amante nunca fueron enjuiciados y permanecieron en palacio de algún modo amparados por el silencio del pueblo?

Esta es la versión de Marguerite Yourcenar al respecto. Este cuento
se titula:


"CLITEMNESTRA O EL CRIMEN"

 Linkografía:

http://www.elforolatino.com/f85/la-mitologia-griega-en-la-literatura-universal-269/



"CLITEMNESTRA O EL CRIMEN"


Voy a explicarles señores jueces.... Tengo ante mí innumerables órbitas de ojos; líneas circulares de manos puestas en las rodillas, de pies descalzos descansando en la piedra, de pupilas fijas de donde mana la mirada, de bocas cerradas donde el silencio madura un juicio. Tengo ante mí audiencias de piedra. Maté a aquel hombre con un cuchillo, dentro de la bañera, con ayuda de mi miserable amante que ni siquiera era capaz de sujetarle los pies. Ya conocéis mi historia: no hay ninguno de vosotros que no la haya repetido veinte veces al acabar la copiosa comida, acompañada del bostezo de las sirvientas, ni una de vuestras mujeres que no haya soñado ser alguna vez Clitemnestra. Vuestros pensamientos criminales, vuestras ansias inconfesadas ruedan por los escalones y vienen a derramarse en mí, de suerte que una especie de horrible vaivén hace de vosotros mi conciencia y de mí vuestro grito. Habéis acudido aquí para que la escena del asesinato se repita ante vuestros ojos un poco más rápidamente que en la realidad, pues os espera el hogar y la cena y sólo podéis dedicar unas cuantas horas a oírme llorar. Y en ese corto espacio de tiempo es preciso que no sólo mis actos, sino que también sus motivos estallen a plena luz, aun cuando para afirmarse han necesitado cuarenta años. Esperé a aquel hombre antes de que tuviera un nombre, un rostro, cuando aún no era sino mi lejana desgracia. Busqué entre la multitud de los vivos a ese ser necesario a mis futuras delicias: miré a los hombres sólo como se mira a los transeúntes que pasan por la taquilla de una estación, para asegurarse que no son las personas que uno está esperando. Si mi nodriza me envolvió en pañales al salir de mi madre, fue para él; si aprendí a contar en la pizarra del colegio, fue para poder llevar las cuentas de su casa de hombre rico. Para alfombrar el camino donde tal vez se posaría el pie del desconocido que haría de mí su sierva, tejí sábanas y estandartes de oro; de tanto afanarme, dejé caer de cuando en cuando en el blando tejido unas gotas de mi sangre. Mis padres me lo escogieron, y aunque él me hubiera raptado a espaldas de mi familia, yo hubiera seguido obedeciendo al deseo de mis padres, puestos que nuestros sueños de ellos provienen y el hombre que amamos es siempre aquel con quien sueñan nuestras abuelas. Le dejé sacrificar el porvenir de nuestros hijos a sus ambiciones de hombre: ni siquiera lloré cuando murió nuestra hija. Consentí en deshacerme en su destino como una fruta en una boca, para aportarle sólo una sensación de dulzura. Señores jueces, vosotros lo conocisteis ya ajado por la gloria, envejecido por diez años de guerra, convertido en una especia de ídolo enorme desgastado por las caricias de las mujeres asiáticas, salpicado por el barro de las trincheras. Sólo yo estuve con él en su época de dios. Era muy dulce para mí llevarle, en una bandeja grande de cobre, el vaso de agua que derramaría en él sus reservas de frescor; era dulce para mí, en la ardiente cocina, prepararle los platos que colmaría su hambre y alimentarían su sangre. Era muy dulce para mí, entorpecida por el peso de la simiente humana, poner las manos sobre mi vientre hinchado donde fermentaban mis hijos. Por la noche, cuando volvía de la caza, yo me arrojaba con alegría sobre su pecho de oro. Pero los hombres no están hechos para pasar toda la vida calentándose las manos al fuego del mismo hogar: partió hacia nuevas conquistas y me dejó allí, abandonada como una casa enorme y vacía que oye latir un inútil reloj. El tiempo pasado lejos de él se perdía, gota a gota o a chorros, como sangre desperdiciada, dejándome más pobre de porvenir cada día. Algunos soldados ebrios que venían con permiso me contaban la vida que él llevaba en los campamentos de la retaguardia. El ejército de oriente se hallaba infestado de mujeres: judías de Salónica, armenias de Tiflis cuyos ojos azules engarzados en sombríos párpados recuerdan el fondo de una gruta oscura, turcas pesadas y dulzonas como los pasteles en cuya composición entra la miel recibía cartas los días de aniversario; mi vida transcurría espiando por el camino el paso del cartero cojo. De día, luchaba contra la angustia; de noche, luchaba contra el deseo; sin cesar, luchaba contra el vacío, forma cobarde de la desgracia.. Pasaban los días uno tras otro por las calles desiertas como una procesión de viudas; la plaza del pueblo parecía negra con tantas mujeres de luto. Yo envidiaba a aquellas desgraciadas por no tener más rival que la tierra y por saber, al menos, que su hombre dormía solo. Yo vigilaba en lugar del mío los trabajos del campo y los caminos del mar; recogía las cosechas; mandaba clavar la cabeza de los bandidos en el poste del mercado; utilizaba su fusil para dispararle a las cornejas; azotaba los flancos de su yegua de caza con mis polainas de tela parda. Poco a poco, yo iba ocupando el lugar del hombre que me faltaba y que me invadía. Acabé por contemplar, con los mismos ojos que él, el cuello blanco de las sirvientas. Egisto galopaba a mi lado por los eriales; tenía casi la edad de ir a reunirse con los hombres; me devolvía la época de los besos entre primos perdidos en el bosque, durante las vacaciones de verano. Yo lo miraba menos como un amante que como a un niño que hubiera engendrado en mí la ausencia; pagaba sus gastos de guarnicioneros y caballos. Infiel a mi hombre, seguía imitándolo: Egisto no era para mí sino lo equivalente a las mujeres asiáticas o a la innoble Arginia. Señores jueces, no existe más que un hombre en el mundo: los demás no son más que un error o un triste consuelo, y el adulterio es a menudo una forma desesperada de la fidelidad. Si yo engañé a alguien fue con toda seguridad al pobre Egisto. Lo necesitaba para percatarme de que hasta qué punto el que yo amaba me era irremplazable. Cansada de acariciarlo, subía yo a la torre para compartir el insomnio del centinela. Una noche, el horizonte del este empezó a arder tres horas antes de llegar la aurora. Troya ardía: el viento que volaba de Asia transportaba sobre el mar pavesas y nubes de ceniza; las fogatas de los centinelas se encendieron en las cimas: el monte Athos y el Olimpo, Elpindo y el Erimanto parecían hogueras; la lengua de la última llama se posaba frente a mí en la pequeña colina que desde hace veinticinco años me tapaba el horizonte.

jueves, 8 de marzo de 2012

MITOLOGÍA GRIEGA.



La Mitología griega son creencias y observancias rituales de los antiguos griegos, cuya civilización se fue configurando hacia el año 2000 a.C. Consiste principalmente en un cuerpo de diversas historias y leyendas sobre una gran variedad de dioses. La mitología griega se desarrolló plenamente alrededor del año 700 a.C. Por esa fecha aparecieron tres colecciones clásicas de mitos: la Teogonía del poeta Hesíodo y la Iliada y la Odisea del poeta Homero.

La mitología griega tiene varios rasgos distintivos. Los dioses griegos se parecen exteriormente a los seres humanos y revelan también sentimientos humanos. A diferencia de otras religiones antiguas como el hinduismo o el judaísmo, la mitología griega no incluye revelaciones especiales o enseñanzas espirituales. Prácticas y creencias también varían ampliamente, sin una estructura formal — como una institución religiosa de gobierno — ni un código escrito, como un libro sagrado.

Principales dioses
Los griegos creían que los dioses habían elegido el monte Olimpo, en una región de Grecia llamada Tesalia, como su residencia. En el Olimpo, los dioses formaban una sociedad organizada en términos de autoridad y poderes, se movían con total libertad y formaban tres grupos que controlaban sendos poderes: el cielo o firmamento, el mar y la tierra.

Los doce dioses principales, habitualmente llamados Olímpicos, eran Zeus, Hera, Hefesto, Atenea, Apolo, Artemisa, Ares, Afrodita, Hestia, Hermes, Deméter y Poseidón.

Zeus
Es el dios del cielo, en la mitología griega, es el dios máximo del Olimpo. Gobierna estableciendo orden, la justicia y el destino del Universo.

Homero dice que fue en Ida, y era el hijo menor del titán Cronos y de la titánida Rea y hermano de las divinidades Poseidón, Hades, Hestia, Deméter y Hera.

De acuerdo con uno de los mitos antiguos sobre el nacimiento de Zeus, Cronos, temiendo ser destronado por uno de sus hijos, los devoraba cuando nacían y según la tradición, su madre Rea envolvió una piedra con pañales para engañar a Cronos y ocultó al dios niño en Creta, confiándolo a las ninfas y a los habitantes de la región, a los que pidió que bailasen ruidosas danzas guerreras con el fin de que la criatura divina no delatase con sus gritos su existencia ante su padre Cronos, que estaba deseoso de devorarlo, como había hecho con sus hermanos. Amaltea fue su nodriza que lo amamantó con su leche y también fue alimentado con con miel que destilaron las abejas del monte Ida.

Cuando Zeus se hizo adulto, Metis (Prudencia), le proporcionó una planta que hizo vomitar a Cronos todos los hijos que se había tragado, que estaban deseosos de vengarse de su padre. Durante la guerra que sobrevino, los titanes lucharon del lado de Cronos, pero Zeus y los demás dioses lograron la victoria y los titanes fueron enviados a los abismos del Tártaro. A partir de ese momento, Zeus gobernó el cielo, y sus hermanos Poseidón y Hades recibieron el poder sobre el mar y el submundo, respectivamente. Los tres gobernaron en común la tierra.

Cuando no está en el Olimpo, estableciendo orden entre los dioses o decidiendo asuntos referentes a los mortales, es posible encontrar a Zeus en algún lugar de la Tierra. También desciende del Olimpo cuando desde lo alto divisa alguna doncella que le agrada demasiado, ya que Zeus es muy propenso a tener romances, tanto con diosas o ninfas, como con mortales, pero siempre tiene especial cuidado en ocultárselo a su esposa Hera (aunque no siempre tiene éxito en esta empresa, de vez en cuando la diosa se entera de las infidelidades de su esposo).

En épocas de sequía puede provocar la lluvia retorciendo la lana de una oveja; lanza el rayo y el relámpago y sobre todo, mantiene el orden, el equilibrio y la justicia en el mundo. Es implacable cuando se encarga de velar por el mantenimiento de los juramentos y por el respeto de los deberes para con los huéspedes, quienes siempre deberán ser bien recibidos. Garantiza a los dioses que se mantenga el poder real, la realización de tributos y sacrificios por parte de los mortales y el estricto cumplimiento de la jerarquía social.

Casado con su hermana Hera, es padre de Ares, dios de la guerra; de Hebe, diosa de la juventud; de Hefesto, dios del fuego, y de Ilitía, diosa del parto. Al mismo tiempo, se describen las aventuras amorosas de Zeus, sin distinción de sexo (Ganímedes), y los recursos de que se sirve para ocultarlas a su esposa Hera.

En la mitología antigua son numerosas sus metamorfosis en diversos animales para sorprender a sus enemigos y tuvo numerosas relaciones con diosas y mujeres mortales, de quienes ha obtenido descendencia. Algunas de sus relaciones amorosas fueron con: la ninfa Calisto, la semidiosa Antíope, la sacerdotisa Io, con Semele, Dánae hija del rey de Argos, la bella , Alcamena, Leda, Elara, Carme, Día, Electra, Europa. Sus amoríos con mortales se explican a veces por el deseo de los antiguos griegos de vanagloriarse de su linaje divino.

En la escultura, se representa a Zeus como una figura barbada y de apariencia regia. La más famosa de todas fue la colosal estatua de marfil y oro, del escultor Fidias, que se encontraba en Olimpia. Sus principales templos estaban en Dódona, en el Epiro, la tierra de los robles y del templo más antiguo, famoso por su oráculo, y en Olimpia, donde se celebraban los juegos olímpicos en su honor cada cuatro años. Los juegos de Nemea, al noroeste de Argos, también estaban dedicados a Zeus. Zeus corresponde al dios romano Júpiter.

Hera
Es en la mitología griega, reina de los dioses, hija de los titanes Cronos y Rea, hermana y mujer del dios Zeus. Para Zeus no fue muy fácil convencer a Hera del matrimonio, por lo que usó diversas estrategias, hasta que camuflado de pájaro desvalido pudo llegar al corazón de su amada y conquistarla. Zeus adoptó su forma natural y volvió a pedirle matrimonio a Hera. La diosa sintió entonces que se casaría para dar el ejemplo y continuar con el rol de Madre de los Cielos, tal como lo habían hecho Rea y Gea con Cronos y Urano.

Hera era la diosa del matrimonio y la protectora de las mujeres casadas, pues era la esposa legítima de Zeus, esto la convertía naturalmente en la protectora de las mujeres casadas. Se la representaba como celosa, violenta y vengativa Era muy común que frecuentemente se enfrentara a Zeus, porque las infidelidades de su esposo significaban para ella verdaderos insultos. Por eso persiguió con ira tanto a las amantes de Zeus, como a la descendencia extramatrimonial del dios. Hera mantuvo siempre ulla de su marido y nunca se sintió en inferioridad de condiciones ya que siempre tuvo presente que ella pertenecía a la misma generación divina que Zeus, por lo tanto tenía el mismo rango jerárquico.

Era madre de Ares, dios de la guerra, de Hefesto, dios del fuego, de Hebe, diosa de la juventud, y de Ilitía, diosa del alumbramiento. Mujer celosa, Hera perseguía a menudo a las amantes y a los hijos de Zeus. Nunca olvidó una injuria y se la conocía por su naturaleza vengativa. Cierta vez armó un complot para castigar una infidelidad de su marido, pero la nereida Tetis, que estaba muy agradecida por haber concertado su matrimonio con Peleo y además era muy prudente y sospechaba que este acto desencadenaria una guerra civil, recurrió al gigante de cien manos llamado Egeón, que libró a Zeus de las cadenas.

Entonces Zeus furioso desató su ira contra Hera y la suspendió entre el cielo y la tierra, amarrando cada una de sus manos a una anilla de oro y atándole un yunque en cada pie. Luego hizo jurar a cada uno de los Olímpicos que nunca más osarían levantarse en su contra.

El único que protestó fue Hefesto, que al ver a su madre castigada de ese modo se quejó, pero Zeus no tenía paciencia para soportar recriminaciones de ningún tipo y menos cuando se trataba de un complot en su contra, entonces le profirió un puntapié tan fuerte que lo arrojó hasta la tierra desde el Olimpo y tras el golpes Hefesto quedó rengo para toda la eternidad. Hera finalmente fue perdonada y regresó al Olimpo, a cumplir su rol de protectora de la familia.

Irritada con el príncipe troyano Paris por haber preferido a Afrodita, diosa del amor, antes que a ella, Hera ayudó a los griegos en la guerra de Troya y no se apaciguó hasta que Troya quedó destruida. Se suele identificar a Hera con la diosa romana Juno.

Hefesto
En la mitología griega, dios del fuego y de la metalurgia, hijo del dios Zeus y de la diosa Hera o, en algunos relatos, sólo hijo de Hera. A diferencia de los demás dioses, Hefesto era cojo y desgarbado. Poco después de nacer lo echaron del Olimpo: según algunas leyendas, lo echó la misma Hera, quien lo rechazaba por su deformidad; según otras, fue Zeus, porque Hefesto se había aliado con Hera contra él. En la mayoría de las leyendas, sin embargo, volvió a ser honrado en el Olimpo y se casó con Afrodita, diosa del amor, o con Áglae, una de las tres gracias. Era el artesano de los dioses y les fabricaba armaduras, armas y joyas. Se creía que su taller estaba bajo el monte Etna, volcán siciliano. A menudo se identifica a Hefesto con el dios romano del fuego, Vulcano. La Fragua de Vulcano es el cuadro en el que Velázquez da su visión sobre los dioses transformándolos en campesinos o artesanos humanos.

Ártemis o Artemisa
En la mitología griega, una de las principales diosas, equivalente de la diosa romana Diana. Era hija del dios Zeus y de Leto y hermana gemela del dios Apolo. Era la rectora de los dioses y diosas de la caza y de los animales salvajes, especialmente los osos, Ártemis era también la diosa del parto, de la naturaleza y de las cosechas. Como diosa de la luna, se la identificaba a veces con la diosa Selene y con Hécate.

Aunque tradicionalmente amiga y protectora de la juventud, especialmente de las muchachas, Ártemis impidió que los griegos zarparan de Troya durante la guerra de Troya mientras no le ofrecieran el sacrificio de una doncella. Según algunos relatos, justo antes del sacrificio ella rescató a la víctima, Ifigenia. Como Apolo, Ártemis iba armada con arco y flechas, armas con que a menudo castigaba a los mortales que la ofendían. En otras leyendas, es alabada por proporcionar una muerte dulce y plácida a las muchachas jóvenes que mueren durante el parto.

Apolo
En la mitología griega, hijo del dios Zeus y de Leto, hija de un titán. Era también llamado Délico, de Delos, la isla de su nacimiento, y Pitio, por haber matado a Pitón, la legendaria serpiente que guardaba un santuario en las montañas del Parnaso. En la leyenda homérica, Apolo era sobre todo el dios de la profecía. Su oráculo más importante estaba en Delfos, el sitio de su victoria sobre Pitón. Solía otorgar el don de la profecía a aquellos mortales a los que amaba, como a la princesa troyana Casandra.

Apolo era un músico dotado, que deleitaba a los dioses tocando la lira. Era también un arquero diestro y un atleta veloz, acreditado por haber sido el primer vencedor en los juegos olímpicos. Su hermana gemela, Ártemis, era la guardiana de las muchachas, mientras que Apolo protegía de modo especial a los muchachos. También era el dios de la agricultura y de la ganadería, de la luz y de la verdad, y enseñó a los humanos el arte de la medicina.

Algunos relatos pintan a Apolo como despiadado y cruel. Según la Iliada de Homero, Apolo respondió a las oraciones del sacerdote Crises para obtener la liberación de su hija del general griego Agamenón arrojando flechas ardientes y cargadas de pestilencia en el ejército griego. También raptó y violó a la joven princesa ateniense Creusa, a quien abandonó junto con el hijo nacido de su unión. Tal vez a causa de su belleza física, Apolo era representado en la iconografía artística antigua con mayor frecuencia que cualquier otra deidad.

Atenea
Una de las diosas más importantes en la mitología griega. Diosa de la Sabiduría, Atenea es la inventora de la flauta, la trompeta, el arado, el yugo para los bueyes, el carro, el barco y la olla de barro para cocinar. Además fue la que enseñó a los mortales los números y a las mujeres las instruyó en la cocina el tejido y el hilado.

Atenea es la diosa que nació ya adulta, fruto de la unión de Zeus con Métis, la diosa de la Prudencia. Durante el embarazo de Metis, Urano y Gea advirtieron a Zeus que si Metis daba a luz a un varón, éste destronaría a su padre del reino que tanto trabajo le había costado conseguir. Sin deseos de correr riesgos, Zeus se tragó a Metis. Pero cuando llegó el día del parto, un tremendo dolor de cabeza hizo llegar a Zeus hasta los límites de tolerancia, entonces llamó a Hefesto Y a los gritos le pidió que le abriera la cabeza de un hachazo. Así surgió Atenea, lista para salir a la batalla.

Fue la hija favorita de Zeus. Él le confió su escudo, adornado con la horrorosa cabeza de la gorgona Medusa, su 'égida' y el rayo, su arma principal. Diosa virgen, recibía el nombre de Parthenos ('la virgen'). En agradecimiento a que Atenea les había regalado el olivo, el pueblo ateniense levantó templos a la diosa, el más importante era el Partenón, situado en la Acrópolis de Atenas.

A Atenea se la conoce como la diosa guerreras armada con una lanza y la égida —coraza de piel de cabra—, sin embargo no le agradan las batallas como a su hermano Ares, porque siempre valoró muchísimo más la inteligencia y la prudencia que la violencia. Por lo tanto es promotora de la conciliación de los pleitos a través de medios pacíficos. 

Afrodita
En la mitología griega, diosa del amor y la belleza. La diosa del amor griega, a quien se conoce en la Mitología latina con el nombre de Venus. Casi todas las culturas antiguas encontraron una personificación para el Amor y la Belleza. En la Iliada de Homero aparece como la hija de Zeus y Dione y otras leyendas posteriores la identifican como hija de Urano, nacida luego de que Crono cercenara sus órganos sexuales y los arrojara al mar.

La diosa que se dio a conocer emergiendo a través dé las olas del mar, era tan hermosa que todos los habitantes del mar se reunieron para admirarla. Cuando, la diosa vio la luz del sol por primera vez, montada en un carro hecho con una concha de mar, todos los seres comenzaron a disfrutar de la belleza, la alegría y el amor con verdadera plenitud. Afrodita fue conducida desde el mar por los Céfiros primero hasta la costa de Citera, y luego a la isla de Chipre. Allí bajó del carro completamente desnuda, se escurrió su larga cabellera y el agua al caer sobre la arena se transformó en bellísimos caracoles. En Cnosos se levantó un santuario en su honor y el piso estaba completamente recubierto de corales, piedras preciosas y conchas marinas.

Afrodita es la mujer de Hefesto, el feo y cojo dios del fuego. Entre sus amantes figura Ares, dios de la guerra, que en la mitología posterior aparece como su marido. Ella era la rival de Perséfone, reina del mundo subterráneo, por el amor del hermoso joven griego Adonis.

La noticia del nacimiento de la criatura más hermosa que pisó alguna vez la tierra y fue acariciada por las olas del mar, se divulgó rápidamente en el Olimpo. Las cualidades de la diosa se comentaron entre todos los Olímpicos y, como consecuencia todas las divinidades masculinas ardiendo de deseo y las femeninas, incrédulas y curiosas a la vez, quisieron conocer a esta belleza sin par. Antes de ser presentada ante los inmortales, las Horas, colocaron en la cabeza de Afrodita una guirnalda de flores eternas y acompañaron por los aires a la diosa, que se presentó en el Olimpo. Naturalmente Afrodita superó las expectativas masculinas y levantó una corriente de celos entre las demás diosas.

Tal vez la leyenda más famosa sobre Afrodita está relacionada con la guerra de Troya. Eris, la diosa de la discordia, la única diosa no invitada a la boda del rey Peleo y de la nereida Tetis, arrojó resentida a la sala del banquete una manzana de oro destinada "a la más hermosa". Cuando Zeus se negó a elegir entre Hera, Atenea y Afrodita, las tres diosas que aspiraban a la manzana, ellas le pidieron a Paris, príncipe de Troya, que diese su fallo. Todas intentaron sobornarlo: Hera le ofreció ser un poderoso gobernante; Atenea, que alcanzaría una gran fama militar, y Afrodita, que obtendría a la mujer más hermosa del mundo. Paris seleccionó a Afrodita como la más bella, y como recompensa eligió a Helena de Troya, la mujer del rey griego Menelao. El rapto de Helena por Paris condujo a la guerra de Troya. Corresponde a Venus la diosa romana en la mitología latina.

Hades
Dios de los muertos. Era hijo del titán Cronos y de la titánide Rea y hermano de Zeus y Poseidón. Cuando los tres hermanos se repartieron el universo después de haber derrocado a su padre, Cronos, a Hades le fue concedido el mundo subterráneo. Allí, con su reina, Perséfone, a quien había raptado en el mundo superior, rigió el reino de los muertos. Aunque era un dios feroz y despiadado, al que no aplacaba ni plegaria ni sacrificio, no era maligno. En la mitología romana, se le conocía también como Plutón, señor de los ricos, porque se creía que tanto las cosechas como los metales preciosos provenían de su reino bajo la tierra.

El mundo subterráneo suele ser llamado Hades. Estaba dividido en dos regiones: Erebo, donde los muertos entran en cuanto mueren, y Tártaro, la región más profunda, donde se había encerrado a los titanes. Era un lugar oscuro y funesto, habitado por formas y sombras incorpóreas, y custodiado por Cerbero, el perro de tres cabezas y cola de dragón. Siniestros ríos separaban el mundo subterráneo del mundo superior, y el anciano barquero Caronte conducía a las almas de los muertos a través de estas aguas. En alguna parte, en medio de la oscuridad del mundo inferior, estaba situado el palacio de Hades. Se representaba como un sitio de muchas puertas, oscuro y tenebroso, repleto de espectros, situado en medio de campos sombríos y de un paisaje aterrador. En posteriores leyendas se describe el mundo subterráneo como el lugar donde los buenos son recompensados y los malos castigados.

Poseidón
Dios del mar, hijo del titán Cronos y la titánide Rea, y hermano de Zeus y Hades. Corno Poseidón necesitaba una esposa para compartir el reino de los mares, se fijó primero en la Nereida Tetis y la cortejó con gran caballerosidad, colmándola de regalos preciosos. Pero Temis advirtió al dios que debía tener cuidado, porque la descendencia que tuviera con Tetis llegaría a ser más importante que el mismo Poseidón. Esto hizo desistir inmediatamente al dios de su idea de matrimonio con Tetis y comenzó a poner su atención en otra nereida llamada Anfitrite (cuyo nombre significa “la que fluye alrededor”).

Sin embargo, ocurrió esta vez que la nereida rechazó abruptamente los requerimientos del dios y cuando comprobó que Poseidón no dejaría de cortejarla tan fácilmente, Anfitrite se escapó hacia el monte Atlas. Pero al fin y al cabo Poseidón era un dios y luego del reparto de los reinos con sus hermanos, había aprendido que debía pelear por aquello que deseaba, entonces envió unos mensajeros para que trajeran a la nereida de regreso, donde se destacó la Delfina, al lograr el matrimonio con Poseidón. Como agradecimiento la Delfina se transformó en la constelación Delfín.

Poseidón, sin embargo, tuvo otros numerosos amores, especialmente con ninfas de los manantiales y las fuentes, y fue padre de varios hijos famosos por su salvajismo y crueldad, entre ellos el gigante Orión y el cíclope Polifemo. Poseidón y la gorgona Medusa fueron los padres de Pegaso, el famoso caballo alado.

Poseidón desempeña un papel importante en numerosos mitos y leyendas griegos. Disputó sin éxito con Atenea, diosa de la sabiduría, por el control de Atenas. Cuando Apolo, dios del sol, y él decidieron ayudar a Laomedonte, rey de Troya, a construir la muralla de la ciudad, éste se negó a pagarles el salario convenido. La venganza de Poseidón contra Troya no tuvo límites. Envió un terrible monstruo marino a que devastara la tierra y, durante la guerra de Troya, se puso de lado de los griegos.

A Poseidón se lo representaba de pie sobre las olas o en un carro de ruedas de oro formado por un caracol gigante y conducido por caballos marinos; siempre era seguido por peces, delfines, nereidas y genios marinos. El emblema que eligió el dios fue el caballo, ya que siempre dijo que este animal había sido creado por él. Su única arma era el tridente, con el que agitaba las aguas y podía hacer naufragar los barcos.

Su figura es muy parecida a la de su hermano Zeus, con larga barba y majestuosa, de cuerpo robusto y hermoso y siempre acompañado del tridente, símbolo de poder. Aparece acompañado por un delfín, o bien montado en un carro tirado por briosos seres marinos. Los romanos identificaban a Poseidón con su dios del mar, Neptuno.

Ares
Dios de la guerra e hijo de Zeus, rey de los dioses, y de su esposa Hera. Ares es representado con coraza, casco, escudo y tina espada manchada de sangre. Tiene un cuerpo enorme y suele ir acompañado de sus hijos Deimos (Temor) y Fobo (Terror). Agresivo y sanguinario, Ares personificaba la brutal naturaleza de la guerra, y era impopular tanto para los dioses como para los seres humanos.

A pesar de su pasión por la guerra, es derrotado en numerosas oportunidades. Seguramente la tradición se esfuerza en demostrar que la fuerza bruta, sin ningún ideal de por medio, es fácilmente susceptible de ser vencida. Ares no era invencible, ni siquiera frente a los mortales. Es así como se lo ve derrotado en la Titanomaquia (Guerra de Titanes) ; burlado por Heracles, humillado por Atenea y herido, por un mortal (Diomedes), durante la guerra de Troya.

La colina de Atenas que lleva el nombre de Areópago, en donde se reunía el tribunal que juzgaba los crímenes de origen religioso. Va unido a Ares por el siguiente mito; los dioses habían culpado a Ares por la muerte del hijo de Poseidón, llamado Halirrotio. Pero Ares se liberó de esta acusación alegando que lo había matado porque intentó violar a su hija, Acipea. Era la palabra del dios Ares contra el dios Poseidón, ya que Halirrotio estaba muerto. Nadie confiaba en el testimonio de Ares, pero finalmente los dioses, tuvieron que absolver al dios de la guerra, porque Acipea testificó a favor de su padre.

El culto de Ares, que se creía originario de Tracia, no estaba muy difundido en la antigua Grecia y, donde existía, carecía de significación social o moral. Los romanos lo identificaban con Marte, también un dios de la guerra. 

Dioniso
Dios del vino y del placer, estaba entre los dioses más populares. Los griegos dedicaban muchos festivales a este dios telúrico, y en algunas regiones llegó a ser tan importante como Zeus. A menudo lo acompañaba una hueste de dioses fantásticos que incluía a sátiros, centauros y ninfas. Los sátiros eran criaturas con piernas de cabra y la parte superior del cuerpo era simiesca o humana. Los centauros tenían la cabeza y el torso de hombre y el resto del cuerpo de caballo. Las hermosas y encantadoras ninfas frecuentaban bosques y selvas.

Fuente Consultada: Enciclopedia Encarta 2005
Mitología Griega - Nuri Abramovicz
Figuras y Leyendas Mitológicas - Emilio Genest
Mitos Antiguos de Grecia y Roma